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Reflexiones Cuaresma

I Domingo de Cuaresma 2020

Evangelio Mateo 4,1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».

Pero él le contestó:

«Está escrito: 'No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios'».

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: 'Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras'».

Jesús le dijo:

«También está escrito: 'No tentarás al Señor, tu Dios'».

De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

Entonces le dijo Jesús:

«Vete, Satanás, porque está escrito: 'Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto'».

Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

 

Comentario

El mensaje de Mateo en este texto es el siguiente: la vida cristiana como lo fue la vida de Jesús, es una lucha constante (dura toda la vida) con el Mal presente en la historia. Así fue para Jesús, así es también para el discípulo. Una lucha que se define como oportunidad constante de decidirse entre el amor que nos ha vertido dentro del corazón por el Bautismo y la propuesta del Maligno. Las tentaciones que se encontró Jesús en su itinerario son las mismas que se encontrará el discípulo durante su existencia.

Primera tentación: Vivir solamente de pan. Nosotros lo podemos entender como la propuesta de la sociedad capitalista de orientar la acción humana en el mundo del Tener como absoluto. El pan representa aquí lo necesario para vivir, los bienes de consumo, el momento material de toda la biografía y de toda construcción social. Vive solamente de pan aquel que únicamente o prioritariamente se preocupa de ganar más y más, de obtener dinero, de aumentar la cuenta corriente a cualquier precio. El mal no es querer tener, es absolutizar el Tener, convertido en programa de vida y único objetivo de la felicidad. A este peligro tan presente en la vida actual de las personas, Jesús opone la solución: incorporar la palabra de Dios a nuestra programación. Es decir, dar tanta importancia al amor como a la necesidad de sobrevivir. Ambas cosas son necesarias.

Segunda tentación: Manipular la religión, convirtiéndola en magia y poniéndola al servicio de los propios intereses, para controlar con el miedo las consciencias de los que sufren cualquier tipo de opresión. Jesús: deja que Dios sea Dios. No quieras menguar su medida. No es Dios el que tiene que estar a tu servicio, eres tú el que tienes que ponerte al servicio del Amor sin límites. Cualquier otra concepción de la religión es uso del nombre de Dios es vano.

Tercera tentación: La sed de poder. Todo será tuyo. No basta nunca al poderoso el poder que tiene, forma parte de la naturaleza del poder el hecho de que sea insaciable, radicalmente insaciable. ¡tengo que tenerlo todo! Jesús: que el único absoluto sea el Dios-Amor, que los demás objetivos concretos que permiten la acción en el mundo se vean orientados, en última instancia, por la decisión de amar sin límites. Esto es lo que Dios espera de nosotros.

En el pórtico de la cuaresma, este evangelio nos recuerda que constantemente tenemos que revisarnos a su luz. Pero también que no tengamos miedo, que Jesús venció el Mal. Entonces, también nosotros podemos hacerlo, a un solo precio: que caminemos con Él, que nos fiemos de Él, que cada día lo amemos más hasta el punto de que la relación con Él llene nuestro yo más profundo.

 

Cf. Teodoro Suau i Puig, canónigo de la Catedral de Mallorca. Reflexiones sobre la cuaresma en Escuela de Palabra y Vida

 

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