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Reflexiones Cuaresma

II Domingo de Cuaresma 2020

Evangelio Mateo 17,1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

 

Comentario

La alusión al «monte alto», en el lenguaje bíblico, indica un tiempo especialmente dedicado a la escucha de la Palabra. Significaría para nosotros, un día de retiro, un momento de oración más largo que de costumbre... Por tanto, una buena ocasión para descubrir la presencia del Señor en tu vida y en la de tus hermanos/as. Y su exigencia siempre liberadora.

La compañía de los discípulos más queridos subraya la importancia de la comunidad en todo proceso de discernimiento de la voluntad de Dios. No nos salvamos solos nunca, siempre somos miembros de una comunidad: nuestra Iglesia que nos arropa y nos pone en contacto con la Palabra y los sacramentos.

La presencia de Moisés y Elías representa la historia viva recogida en la Biblia de los hombres y mujeres que ha sabido mantenerse fieles a la vocación recibida. Son los referentes privilegiados primero para Jesús y después para sus discípulos, porque marcan el verdadero camino de seguimiento.

Finalmente, las características literarias a través de las cuales se explica la transfiguración (montaña, nube, cielos que se rasgan, voz que llega desde arriba...) recuerdan la escena del bautismo. Este es un punto importante. En el bautismo, Jesús se revela como aquel que ha hecho de su vida un servicio absoluto al Amor del Padre. Ahora, justo en medio de esta biografía cuando ya se han hecho presentes tantas dificultades/tentaciones, es la hora del balance. Nace una pregunta, que también nosotros nos hacemos más de una vez: ¿Vale la pena? ¿Es este un camino de felicidad? ¿qué debemos hacer cuando los cimientos se tambalean y nos parece que todo se deshace como un terrón de azúcar, que no deja más que un sabor amargo en la boca del corazón?

La respuesta de Jesús: en momentos de crisis, de duda y de dolor, conviene saber subir a la montaña, buscar la camaradería de los amigos, leer, y releer las lecturas sin prisas... a la espera de la palabra de Dios que acabará por romper las nubes que nos impide ver y nos consolará:

¡No temas! ¡Eres mi hijo! ¡Eres mi hija!

¿sabes que te amo y que te amo sin medida?

Profundizar la consciencia del Amor de Dios con nosotros: he aquí el vínculo sustancial, camino que hará posible nuestra felicidad. Y podremos bajar de la montaña más decididos a instalarnos definitivamente en el amor

 

Cf. Teodoro Suau i Puig, canónigo de la Catedral de Mallorca. Reflexiones sobre la cuaresma en Escuela de Palabra y Vida

 

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