Oblatas Europa
Reflexiones Cuaresma

III Domingo de Cuaresma 2020

Evangelio Juan 4,5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.» La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»

La mujer le dice: «Señor, dame de esa agua así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla.»

Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.»

La mujer le contesta: «No tengo marido».

Jesús le dice: «Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»

La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»

Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»

La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.»

Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»

En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

 

Comentario

Una mujer que ha buscado la felicidad y que le cuesta encontrarla en la sucesión de sus experiencias sexuales. Una mujer que, además de samaritana (según la mentalidad de los judíos de la época, perteneciente al lado equivocado de la humanidad), es mujer (según la mentalidad de la época, un ser de segunda categoría, incapacitada para cualquier cosa que no sea tener hijos, y ella no los tiene) y miembro de un pueblo que vive en el error (según la mentalidad de la época, Samaria es la antítesis de Israel, debido a su fe errada). Pues es a esa mujer precisamente, que Jesús se dirige para hacerle una serie de confidencias tendentes a provocar una experiencia que le cambiará la vida.

«Si conocieras...» No hay duda: necesitamos conocer más a Jesús. Hay personas que han evolucionado en todo en el curso de su vida (tienen ordenador y móvil, y van vestidas de manera muy diferente a la de hace cuarenta años, son más tolerantes y permisivas), pero por lo que respecta al universo de la fe, no han ido más allá de lo que sabían cuando hicieron la primera comunión. No es de extrañar, por lo tanto, que les parezca todo muy pasado de moda. Porque lo está. Lo que no está pasado de moda es la relación honda, única, irrepetible con el Señor viviente en nosotros. Conocer a Jesús. He aquí el gran desafío al que nos invita esta página del evangelio. Conocer qué significa escucharle, buscarle, servirle en la necesidad de los hermanos/as y mantener con este largos ratos de contacto en la oración. Jesús nos dice: «Si conocieras la suerte que tenéis de ser mis discípulos/as, la vida sería para todos vosotros/as mucho más interesante». Una primera llamada, por tanto, a ver el telediario con otros ojos: los hondos ojos del Amor del Padre que hemos aprendido en Jesús.

Segundo: dice la samaritana a Jesús: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla». Y Jesús le contesta: «¡Yo, el que habla contigo, soy el Mesías, el Cristo!».

Él es el único capaz de liberarnos de todo temor (el Mesías), porque nos ofrece ir por la vida en su compañía, nunca más solos. Y en este caminar juntos pasarán cosas: nos veremos de otra manera; entenderemos que el otro es un hermano porque es un hijo de propio Padre; contemplaremos la historia como el escenario de la lucha a muerte entre la luz y las tinieblas, el Bien y el Mal, pero a la luz del Amor que asegura la victoria.

 

Cf. Teodoro Suau i Puig, canónigo de la Catedral de Mallorca. Reflexiones sobre la cuaresma en Escuela de Palabra y Vida

 

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