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Reflexiones Cuaresma

IV Domingo de Cuaresma 2020

Evangelio Juan 9,1.6-9.13-17.34-38

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»

Unos decían: «El mismo.»

Otros decían: «No es él, pero se le parece.»

Él respondía: «Soy yo.»

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»

Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»

Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»

Él contestó: «Que es un profeta.»

Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»

Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»

Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»

Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.

Comentario

La lección de este texto: puede haber un Dios que concibe ciegos, cojos, paralíticos, poseídos e, incluso, muertos. Los podemos ver cada día en los medios de comunicación: el fanático que mata en nombre de Dios es un ciego ante la vida, un sordo al gemido de la víctima, alguien incapaz de caminar recto como caminan los hombres... Quien en nombre de Dios discrimina, juzga, condena y tortura es un instrumento de Dios-no-Dios. El Dios del que habla Jesús, el Dios que es Él mismo, es sujeto de una relación que libera, que recupera para el disfrute de la vida, que proporciona el auténtico nombre de las cosas... En definitiva, Aquel que nos hace personas a su imagen y semejanza.

Otro tema es que Jesús nos llama constantemente a la conversión: al cambio de vida, de mentalidad, de percepción. Nos dice que si el Absoluto no es el Tener no las normas que conolida el Tener en el mundo, sino el Amor, entonces es necesario aprender a ver/mirar las cosas desde otra perspectiva. No es fácil, ciertamente. Y se hace mediante un proceso a menudo lento (el seguimiento) que se identifica con aprender a caminar con Jesús. Y que tiene un momento particularmente decisivo: el Bautismo. Lavar los propios ojos con el agua de la Palabra de Dios y dejarse sumergir por la gracia de los sacramentos provoca una consciencia alternativa, originada en una visión nueva de las cosas: la que recupera los orígenes y el esplendor de la creación. He aquí otra lección del texto de Juan, estrechamente ligada con la nueva manera de presentar a Dios que se encuentra desde el principio de la narración y que nosotros tenemos que hacer nuestra.

 

Cf. Teodoro Suau i Puig, canónigo de la Catedral de Mallorca. Reflexiones sobre la cuaresma en Escuela de Palabra y Vida

 

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