Experiencia del CT 2016 de Marina Gascón

Necesitamos personas con pasión a nuestro alrededor, pasión por lo que hacen cada día. Y este verano he tenido la suerte de conocer a un grupo de mujeres que encajan en este perfil. Ellas son las Oblatas.

El 18 de Julio comenzó nuestra aventura. Viajamos hasta Ascoli Piceno, una ciudad del centro de Italia, en la que durante una semana vivimos con las Oblatas de la comunidad. Cuatro mujeres llenas de ganas que se levantan cada día para ser motor de cambio. Durante ese tiempo convivimos con ellas y con las 11 chicas, de diferentes países de África, que había en la casa. Algunas habían llegado hacía unos días y todavía estaban adaptándose al lugar y a sus normas. Las últimas en llegar fueron 4 somalíes, con las que en seguida empezamos a “trabajar”. No sabían italiano, y tampoco se defendían bien con el inglés, así que nuestras “conversaciones” pasaron a ser un intercambio de sonidos, palabras en diferentes idiomas y gestos que cualquiera que viese desde fuera hubiese encontrado gracioso. No entraré en detalles, pero aquellas chicas estaban acostumbradas a ver y sufrir violencia, pero no a que nadie se sorprendiese al escuchar sus historias.

Ahora vivimos en una sociedad en la que parece que siempre tenemos que estar en movimiento, es la época del “tengo que hacer…”, pero a veces lo único que necesitamos hacer es estar. Y aquellas chicas lo valoraban. En esos días no paramos ni un minuto, cultivamos el huerto, enseñamos a andar en bicicleta a alguna de las chicas, ayudamos en las clases, las acompañamos al médico, bailamos, cocinamos… Pero sobre todo, estuvimos ahí, con ellas. Algunas tenían mi misma edad, habían huido de Somalia por miedo, dejando atrás padres, marido e hijos por la posibilidad de encontrar un futuro mejor en Europa. Arriesgándose a cruzar el mar en una barca, como muchas otras, sin saber nadar. Ellas tenían sueños en sus países, pero ahora su principal objetivo es encontrar trabajo y poder reunirse de nuevo con sus familias. Fue gratificante ver cómo, pese a nuestra corta estancia, las chicas nos cogían cariño, ver cómo cambiaban y se iban abriendo a los demás, pero sobre todo me marcó ver el cambio de actitud en ellas cuatro, empezaron a relajarse, a confiar en nosotras, e incluso hicieron avances aprendiendo italiano.

Uno de los días pudimos visitar la casa que tienen en San Benedetto las Oblatas. En aquella casa, reafirmé mi opinión sobre las Hermanas, son mujeres diferentes, con una visión abierta y constructora de cambio. Todas tienen la misma capacidad para crear y generar sonrisas, incluso en las chicas que vienen a la defensiva. Se ríen de los prejuicios y les plantan cara. A mí, me hicieron ver que todos, sin darnos cuenta, guardamos dentro algún prejuicio, pero que está en nuestra mano combatirlo,
Esta experiencia me ha dado mucho. Pero sobre todo me ha hecho valorar más a la gente que pasa a la acción y decide dejar la teoría y los discursos vacíos para empezar a aportar, ya sea en su pueblo o en otro continente. Gente como las Oblatas. En mi opinión, es una pena que no se conozca mejor la labor que llevan a cabo con las chicas, es muy necesario dar visibilidad a esta realidad, la prostitución como cárcel para muchas mujeres.

Marina Gascón