Mª Josefa Pena Iglesias (Pepa) como le llamamos familiarmente, profesa el 15 de Agosto del año 1963 en Pamplona, después de un responsable noviciado, dedicando muchas horas a confeccionar los hábitos de las próximas Oblatas.
Su fidelidad a Cristo Redentor con una entrega generosa a las mujeres y servicio a los más pobres; amor que ha ido esparciendo como se siembra un granito de mostaza; con sencillez, alegría, espontaneidad y superación, no siempre fácil, pero constante en un “si” elaborado durante 50 años con ayuda del Señor.
Son varias las comunidades que han disfrutado de su servicio, en este tiempo pasado; podríamos decir, entre luces o “cañadas oscuras” como nos expresó ella misma en un momento de emocionante reflexión dentro de la Eucaristía, celebrada por el sacerdote Don José Barberá
El día 23 de Noviembre ya corren aires de fiesta en la comunidad. Se transforma la capilla con bonitos ramos de flores, en el comedor serpentean globos de distintos colores, comienzan a llegar algún invitado, como el sobrino Matías y algunas Oblatas de otra comunidad.
El 24, fiesta de Cristo Rey, nuestro gozo se hace palpable, solemnes laudes de mañana y más tarde familiar Eucaristía, compartida por hermanas de cuatro comunidades y distintos amigos del barrio. Momento central en el que no faltaron emociones, abrazos, cariños, felicitaciones; mucho, mucho amor.
A la salida, sin parar de intercambiar expresiones nos dirigimos todos hacía la mesa preparada para el gran evento; “alimentado el cuerpo, sano el espíritu”. Comenzamos con una pequeña súplica, recuerdo a los pobres que no pueden participar del pan de cada día; somos privilegiados…un canto y a continuar reponiéndonos; se hace palpable el murmullo que poco a poco va subiendo de tono.
Alargamos la comida, y la terminación conlleva otro momento de gozo; poesía espontánea, cantos que dejan lejos la “morriña del terruño galego”, baile incluido. De vuelta a la casa compartimos un rato de tertulia y ya la despedida de unas y acompañamiento a otras para conocer algo de la ciudad Alicantina.
Recogiendo este día tan entrañable, no cabe expresión más bonita que oír repetir a Pepa, ¡gracias, gracias y gracias!; al Señor, a la comunidad y a todas las hermanas de la Congregación.
“ El señor hizo maravillas en mi vida”





