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La violencia también es un trámite imposible

No tener empadronamiento.
No poder acceder a la tarjeta sanitaria.
No cumplir requisitos que excluyen.

Para muchas mujeres, el acceso a derechos básicos queda bloqueado por procedimientos administrativos pensados para quien ya está dentro del sistema, no para quienes viven en los márgenes.

Las barreras administrativas no son neutras.
Se convierten en muros que impiden acceder a la salud, a una vivienda, a prestaciones sociales, a procesos de regularización o a un empleo digno. Cada formulario inaccesible, cada requisito imposible, cada plazo que no contempla la realidad, expulsa un poco más.

Cuando una mujer no puede empadronarse, no existe administrativamente.
Cuando no puede acceder a la sanidad, su salud queda en riesgo.
Cuando los trámites se eternizan o se niegan, la protección se retrasa.

Estas dificultades afectan de forma especialmente grave a las mujeres migrantes, muchas de ellas racializadas, que ven cómo la burocracia refuerza la exclusión y aumenta su exposición a la violencia y la explotación.

Cuando el sistema convierte los derechos en un laberinto,
cuando cumplir los requisitos es inalcanzable,
cuando la administración se vuelve inaccesible,
la violencia se ejerce desde la estructura.

Y eso también es violencia institucional.